Largueza del cuento corto chino, de José Vicente Anaya

Inmiscuirse en el cuento corto oriental resulta una experiencia que de principio nos sobrecoge y al final termina por deslumbrarnos. Los textos – sería mejor llamarles creaciones espontáneas– desprenden sabiduría en tal grandeza y modo que el occidental, pasmado, se encuentra sin argumentos para explicar la iluminación recién adquirida. Difícil es encontrar un equivalente en nuestras tradiciones. La virtud del cuento chino es poder congregar en pocas letras filosofía, religión y poesía. Nos recuerdan más a los jonios que a la república platónica, más a los estoicos y a los escépticos que a la moral cristiana.

Los breves relatos se debaten entre la vigilia y el sueño. Lo extraordinario se vuelve cotidiano en una especie de realismo mágico prematuro. Paradójicamente, para el asiático los sueños tienen el mismo peso que la “realidad fáctica”; el despertar es siempre subjetivo, siempre una paso en falso. Sobre esto, Jung diría: Entre nosotros un pensamiento no tiene realidad propia; lo tratamos como si fuera una nada. Incluso aunque el pensamiento en sí sea verdadero, nosotros afirmamos que existe en virtud de aquellos hechos que ese pensamiento formula”.

El mérito de la selección de Anaya es que recoge acertadamente las tres raíces espirituales en la historia de China: budismo, confucianismo y daoísmo.  Su antología recopila lo que los chinos llaman el san jiao wei yi, es decir, la unión fundamental e indisociable de sus tres corrientes espirituales. Este concepto y exploración cronológica es toral en el entendimiento y el desarrollo de la cultura china, la más antigua del mundo.

Los cuentos clásicos chinos son construcciones de belleza y armonía excepcionales. Este es un libro que se debe disfrutar y leer de a poco, sumergirse no en las palabras sino en el halo de antigüedad y verdad. A diferencia de algunos consensos, pienso que la literatura oriental no es ajena a la nuestra; la expresión de su profunda sabiduría completa la inocencia del rostro humano, sus inquietudes: entrever la verdadera vida, al hombre antes del hombre.

Arturo Oropeza

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